El Libro del mes

Esta actividad, organizada por la Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque, tiene la finalidad de difundir y poner en valor el excepcional fondo bibliográfico y de manuscritos que custodia. De acuerdo con este propósito, y con carácter mensual, se insertará en esta página web un comentario divulgativo sobre alguno de los libros que, atendiendo a su contenido, a las singulares características de su edición y a su rareza, pueda contribuir a acercar y conocer mejor la riqueza de esta Biblioteca, en la que tienen cabida las más diversas ramas y ámbitos del conocimiento.

Julio de 2020.

MARTÍN DE ROA, Vida de Doña Ana Ponce de León, Condesa de Feria. Y después monja en el Monasterio de Santa Clara de Montilla.

El legado literario de Martín de Roa se constituye como uno de los conjuntos que adquieren una mayor singularidad y rareza en el fondo bibliográfico de la Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque. Historiador, biógrafo y teólogo jesuita, su relevante formación humanística y talante erudito le permitieron tratar con destacados autores de la época, como Ambrosio de Morales, Luis de Góngora, Rodrigo Caro o Juan de Mariana, por citar algunos de los más conocidos de su época. Aunque las primeras aportaciones de Roa fueron escritas en latín y centraron su contenido, primordialmente, en la antigüedad clásica y bíblica, el deseo de que sus textos alcanzaran una mayor difusión le impulsó a utilizar el castellano desde los comienzos del siglo XVII. Sus inquietudes intelectuales alentaron, asimismo, la diversificación de su actividad investigadora, emprendiendo la redacción de importantes obras de asunto teológico, además de aquellas que abordan la historia de algunas de las ciudades en las que ejerció el ministerio sacerdotal, como Écija, Málaga, Jerez de la Frontera y Córdoba, urbe que defendía como la principal y más antigua de Andalucía. Otro de los temas a los que entregó Roa su dedicación literaria fue la vida de los santos. Entre las biografías que dejó escritas se encuentran las protagonizadas por célebres mártires de la Antigüedad, además de las dedicadas a distinguidas damas de la nobleza que se caracterizaron por su ejemplar espiritualidad. Es precisamente la que brindara a Ana Ponce de León, Condesa de Feria, el ejemplar que se ha escogido como el libro del mes de julio de la Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque.

Martín de Roa Francés (Córdoba, ca. 1560- Montilla, 1637).

Vida de Doña Ana Ponce de León, Condesa de Feria. Y despues monja en el Monesterio [sic] de Santa Clara de Montilla/ Por el P. Martín de Roa, de la Compañia de Jesús. A Don Pedro Fernández de Cordova, Marques de Priego.

En Cordova: en la casa de la Biuda de Andres Barrera, 1604.

 [6], 240 p., [1] h.; 4º.

R: 13.778.

Cuando falleció sor Ana de la Cruz Ponce de León en el convento de Santa Clara de Montilla, el día 26 de abril de 1601, ya gozaba de una reconocida virtud y santidad que fueron cimentándose durante los más de cuarenta y cinco años que vivió en religión en el mencionado cenobio. No faltó tiempo para que, inmediato a su óbito, don Pedro Fernández de Córdoba, IV marqués de Priego y nieto de la sierva de Dios, solicitara a Martín de Roa la redacción de una biografía destinada a reconocer «las virtudes y alteza de sus mayores […] pues para imitar, ningunos más poderosos exemplos que los de casa; y tales, y de tan ilustre y grande de España por todos títulos», como recordara el autor en la dedicatoria que, en esta obra, honra al aristócrata, fechada en enero de 1602. La estrecha vinculación establecida entre los miembros de la Casa de Aguilar con la Compañía de Jesús hubo de ser factor determinante para que se le confiase tan insigne encargo a Roa, que logró sobradamente el propósito sugerido por su egregio protector. En efecto, el jesuita cordobés disponía en aquel momento un notable predicamento intelectual, siendo suficientemente conocido por el IV marqués de Priego, a quien debía su amparo, como queda constatado en la dedicatoria que a su persona había ofrecido anteriormente en el tratado Singularium locorum ac rerum libri V, obra impresa en Córdoba en 1600 y disponible para su consulta en la Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque.

Hija de los duques de Arcos, Ana Ponce de León contrajo nupcias a corta edad con Pedro Fernández de Córdoba y Figueroa (1519-1552), IV conde de Feria. Se trataba de unos desposorios que despertaron una gran expectación entre la aristocracia de la época, dado que estaban destinados a unir en su descendencia varonil los amplios dominios territoriales que componían los estados que conformaban el marquesado de Priego y el ducado de Feria. La prematura muerte de don Pedro, en 1552, puso en peligro la premeditada estrategia matrimonial que hábilmente asumieron ambos cónyuges, ya que el ansiado heredero masculino fallece siendo niño, quedando como continuadora del linaje una hija pequeña a la que le correspondían los derechos pertenecientes al marquesado de Priego, aunque la condición agnaticia del ducado de Feria le negaba la heredad de las posesiones extremeñas. Esta situación provocó el desmoronamiento de un proyecto cuidadosamente estipulado por los deudos de tan ilustres casas nobiliarias. Ante tan complejo escenario familiar, Ana Ponce de León, que contaba con 25 años de edad cuando queda viuda, decide consagrarse a la espiritualidad alentada por su confesor y consejero el maestro Juan de Ávila.

Martín de Roa nos introduce en la vida de la protagonista desde una dimensión que está plenamente imbuida del espíritu contrarreformista del momento, advirtiéndose un discurso panegírico que enaltece las virtudes pías de la noble religiosa. En las páginas preliminares de esta obra reconoce el autor las fuentes que le han permitido confeccionar su redacción, confirmando que ha seguido el testimonio del padre Juan de Ávila «testigo fiel y de vista del corazón de la Condesa, cuyos sentimientos espirituales y mercedes recibidas de la mano de Nuestro Señor dejó [la noble]escritas y aprobadas de su mano», textos que fueron facilitados al escritor cordobés por el padre Villarás, continuador del cuidado espiritual de la excelsa clarisa. También nos dice Roa que contó con la información que le aportaron algunas monjas que convivieron con ella.

Esta biografía se encuentra estructurada en cuatro libros, subdivididos a su vez en diferentes capítulos. A través de los mismos, el docto jesuita entreteje las vivencias religiosas que abraza Ana Ponce de León, avisándonos que, desde su niñez, ya estaba predestinada a la entrega divina. Nos permite conocer el ejemplar matrimonio de la noble marchenera con el conde de Feria, al que encumbra como paradigma del ideal de caballero cristiano; su encuentro con el padre Ávila en Zafra, hito fundamental para entender la evolución espiritual e influencia que aquel desprende en la joven condesa. Interesante es asimismo el desenlace de su viudedad y, especialmente, el recelo que manifiesta su suegra, la II marquesa de Priego, ante la decisión de tomar los hábitos en el convento de Santa Clara, aspecto este que nos permite hacer una contextualización histórica del escenario descrito por Roa. Desde este momento, la biografía de Ana Ponce de León queda circunscrita al monasterio que, auspiciado por el marquesado de Priego, se constituía ―desde su fundación en 1525―, en un ámbito de espiritualidad familiar para las mujeres pertenecientes a este linaje. Con un inmejorable estilo literario, en el que abundan las citas bíblicas, otras alusivas a distintos autores clásicos y a los Padres de la Iglesia, que, sin duda, testimonian su excepcional desenvoltura humanística, Roa manifiesta la elevada observancia y humildad de sor Ana de la Cruz. Nos hace comprender, a pesar de la distancia de los tiempos y los cambios en el pensamiento actual, su completa dedicación a la oración, postrada siempre ante el Santísimo Sacramento, y su contacto directo con Dios; también nos ayuda a entender las duras penitencias a las que se sometió, y el porqué de su completo silencio.

Fueron innumerables los indicios que Martín de Roa advirtió en sor Ana de la Cruz Ponce de León para impulsar abiertamente su fama de santidad. Su ejemplo contribuyó a favorecer el prestigio del marquesado de Priego a través de esta excepcional biografía que, salida en su primera impresión de los célebres talleres cordobeses de la viuda de Andrés Barrera, vio la luz en 1604. Destaca en esta edición príncipe el doble fileteado que encuadra el texto en cada una de sus páginas y las apostillas marginales que nos permiten guiar amenamente la lectura. Son igualmente destacables las iniciales ornamentadas que dan comienzo a cada uno de los capítulos, además del  emblema xilografiado de la Compañía de Jesús, envuelto en una bella cartela ovalada con volutas y elementos vegetales, bajo la mirada del infantil rostro de un querubín. Cualquier momento es propicio para acercarnos a conocer la producción literaria de Martín de Roa, magníficamente representada en la Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque.

Elena Bellido Vela

 

REFERENCIAS

  • BELLIDO VELA, E., “Ana Ponce de León, condesa de Feria”, en PELÁEZ DEL ROSAL M. (coord.), Aportaciones al diccionario biográfico franciscano de España, Portugal Iberoamérica y Filipinas. Córdoba: Asociación Hispánica de Estudios Franciscanos, 2014, pp. 39-55.
  • CAÑAL Y MIGOLLA, C., “Apuntes bibliográficos acerca del P. Martín de Roa”, en Homenaje a Menéndez y Pelayo en el año vigésimo de su profesorado, vol. I. Madrid: Librería General de Victoriano Suárez, 1899, pp. 525-539.
  • OLIVARES, E., “Martín de Roa, S.I. (1559-1637). Biografía. Escritos”, en Archivo Teológico Granadino, 57 (1994), pp. 139-236.
  • ROA, MARTÍN DE, Vida de Doña Ana Ponce de León, condesa de Feria. Y después monja en el monasterio de Santa Clara de Montilla. Córdoba: En casa de la viuda de Andrés Barrera, 1604.
  • ROA, MARTÍN DE, Singularium locorum ac rerum libri V in quibus cum ex sacris tum ex humanis litteris multa ex gentium, Hebraeorumque moribus explicantur. Córdoba: Oficina de Andrés Barrera, 1600.

Junio de 2020.

INCA GARCILASO DE LA VEGA, Comentarios Reales. 

La especial relevancia que adquiere en la Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque la producción literaria del Inca Garcilaso de la Vega, así como la estrecha vinculación del autor con Montilla, nos impulsa a que, nuevamente, seleccionemos uno de sus libros para dar comienzo el mes de junio. En esta ocasión la obra elegida es la conocida como Comentarios Reales, cuyo extraordinario texto ha contribuido decididamente a inmortalizar y convertir en símbolo la figura de este insigne escritor.

Inca Garcilaso de la Vega (Cuzco, 1539-Córdoba, 1616).

Primera parte de los Commentarios reales que tratan del origen de los Yncas, Reyes que fueron del Peru, de su idolatria, leyes, y  govierno en paz y en guerra: de sus vidas y conquistas, y de todo lo que fue aquel Imperio y su Republica, antes que los Españoles passaran a el/ escritos por el Ynca Garcilaso de la Vega, natural del Cozco, y capitán de su Magestad.

En Lisboa: en la Officina de Pedro Crasbeeck, 1609.

 [10], 264 h., [1] h. de grab.; Fol.

R: 15.213.

Cuando Gómez Suárez de Figueroa finalizó la traducción de los Diálogos de amor de León Hebreo, en 1586, en la portada hizo constar su autoría denominándose Garcilaso Inca de la Vega. Con este singular gesto manifestaba abiertamente su identidad mestiza al adoptar el nombre de su padre y agregar el apelativo de Inca. También confirma, evitando cualquier atisbo de disimulo, su procedencia peruana al considerarse «natural de la gran Ciudad del Cuzco». Hubo de persistir en la mente del prosista andino de manera insistente el recuerdo de las tierras americanas, donde vivió su infancia y años de juventud hasta que decidió venir a España hacia 1560.

Una vez forjada la personalidad de escritor humanista durante el tiempo que permaneció en Montilla, el Inca dará comienzo La Florida, publicada en 1605. La conquista del Nuevo Continente será desde este momento una constante en su obra, una evocación permanente que se dilatará a los tiempos que precedieron este trascendental momento histórico: el del imperio incaico ─el Tahuantinsuyo─, que protagonizaron sus egregios antecesores, y que su madre, la princesa Isabel Chimpu Occllo, le inculcó como algo maravilloso que le pertenecía por derecho propio. Sus costumbres y hechos legendarios, sus coloridos ritos ancestrales y los dioses que adoraban antes de la llegada de los castellanos, la diversidad de sus pobladores y la monumentalidad de sus grandiosas construcciones; todo ello hubo de fascinar profundamente al autor mestizo, cuyo sentimiento fue acrecentándose en su interior, aún más, con el paso de los años.

La recreación del pasado incaico dará contenido a la primera parte de los Comentarios Reales, obra de madurez en la que el Inca Garcilaso vuelca pormenorizadamente todos los recuerdos mencionados que permanecían vivos en su memoria, que son utilizados como exaltación de sus orígenes y cultura peruanos. Donde la narración de precisos datos históricos se imbrica hábilmente con pintorescos elementos de ficción que nos transportan a un lugar idílico, en el que se percibe una admirable civilización que ─deudora de su ideal de utopía renacentista adquirido de la lectura de autores clásicos─, ha sido magnificada través de una visión concedida por el pensamiento neoplatónico de perfección absoluta. Es precisamente esta personal interpretación del imperio incario, en la que no se distingue la línea que separa la realidad con la leyenda, y en la que rezuma intensamente la doble vertiente cultural americana y europea de su autor, lo que concede a los Comentarios Reales una superioridad literaria que, pese a las correcciones insinuadas por metódicos historiadores, hacen de su texto una obra maestra de la literatura hispanoamericana.

La primera parte de los Comentarios Reales la redactó el Inca Garcilaso en Córdoba, donde residía desde 1591, confiando su primera impresión a Pedro Crasbeeck ─como hiciera con La Florida algunos años antes─, acreditado tipógrafo de origen flamenco que, asentado en Lisboa, ha sido considerado como uno de los precursores de la imprenta en Portugal. Al respecto, distintos autores sostienen que el hecho de aparecer sendas publicaciones en el taller de Crasbeeck pudiera deberse a quedar exentas del control de la censura del Consejo de Indias, aunque otros críticos opinan que ello respondería a la predilección que el Inca sentía hacia Lisboa, por ser el puerto por el que entró a Europa desde América. Otra razón se advierte en la circunstancia de que, por entonces, el territorio luso se encontraba integrado en los dominios de la Monarquía Hispánica. Tardó algunos años en ver la luz la edición príncipe, apareciendo finalmente en 1609, con dedicatoria a la princesa doña Catalina de Braganza, de quien esperaba su amparo y protección.

Los Comentarios Reales están estructurados en nueve libros, divididos a su vez por sus correspondientes capítulos, como se deja constancia en la tabla que aparece en las hojas preliminares. El desarrollo del texto impreso está cuidadosamente tratado a dos columnas, dando comienzo cada uno de los capítulos por una letra capital ornamentada. La identidad mestiza con la que el Inca Garcilaso se reafirma en esta obra queda, asimismo, manifestada en el escudo de armas que precede a la narración, ocupando la extensión de una hoja. Los elementos que componen el campo heráldico son una verdadera lección de entendimiento cultural, entroncando en completa armonía los linajes procedentes de sus parientes castellanos ─los Suárez de Figueroa y los Vargas─, con los propios de sus ilustres ancestros maternos incaicos, pertenecientes a los emperadores de la dinastía Túpac Yupanqui. Toda esta simbología que reúne la estirpe del Inca Garcilaso queda, en su conjunto, al amparo de la divisa personal «con la espada y con la pluma», aludiendo a su doble condición de capitán y de escritor.

Aunque los Comentarios Reales se destinaron, primordialmente, a un público intelectual español, esta obra pronto adquirió una importante difusión, siendo referencia para otros autores. Sobre este particular sabemos que, hacia 1612, salió de Sevilla un lote que contenía algunos ejemplares con destino al puerto del virreinato peruano de Callao, realidad que manifiesta la incipiente fama que por entonces estaba adquiriendo el Inca por aquellas latitudes entre la sociedad colonial.

Uno de los ejemplares que surgieron de las prensas de Pedro Crasbeeck en 1609, encuadernado en pergamino, se custodia en la Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque, además de otro volumen que, esta vez editado en España, se imprimió en 1723 en el taller madrileño de Nicolás Rodríguez Franco. Su lectura nos brinda una gran oportunidad para apreciar, a través de la palabra del Inca Garcilaso, el inmenso valor que supone el entendimiento cultural entre las civilizaciones.

Elena Bellido Vela

REFERENCIAS CONSULTADAS EN LA FUNDACIÓN BIBLIOTECA MANUEL RUIZ LUQUE

  • COX, C. M., Utopía y realidad en el Inca Garcilaso. Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 1965.
  • INCA GARCILASO DE LA VEGA, Comentarios reales. Lisboa: Pedro Crasbeeck, 1609.
  • INCA GARCILASO DE LA VEGA, Comentarios reales. Madrid: Nicolás Rodríguez Franco, 1723.
  • LÓPEZ PARADA, E., ORTIZ CANSECO, M., FIRBAS, P., La Biblioteca del Inca Garcilaso de la Vega 1616-2016 [Cat. Exp. Biblioteca Nacional de España]. Madrid: Ministerio de Educación y Cultura, 2015.
  • MIRÓ QUESADA Y SOSA, A., El Inca Garcilaso. Madrid: Instituto de Cultura Hispánica, 1948.
  • PORRAS BARRENECHEA, R., El Inca Garcilaso en Montilla (1561-1614). Nuevos documentos hallados y publicados por Raúl Porras Barrenechea. Lima: Instituto de Historia. Edit. San Marcos, 1955.
  • TORRE Y DEL CERRO, J. DE LA, El Inca Garcilaso de la Vega. Nueva Documentación. Madrid: José Murillo, 1935.
  • VARGAS LLOSA, M., El Inca Garcilaso y la lengua general. Montilla: Bibliofilia Montillana, 1995.

23 de abril de 2020.

INCA GARCILASO DE LA VEGA, La Tradvzion del indio de los Tres Dialogos de Amor de Leon Hebreo.

Con la presente entrada, la Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque se suma a la conmemoración del Día Internacional del Libro recordando a Gómez Suárez de Figueroa (Cuzco, 1539-Córdoba, 1616), el Inca Garcilaso, escritor que, según describió Mario Vargas Llosa, es «el más artista entre los cronistas de Indias… su palabra tan seductora y galana impregnaba todo lo que escribía de ese poder de sobornar al lector que sólo los grandes creadores infunden a sus ficciones». Motivos no faltan para dar inicio a este ciclo en el día 23 de abril, dedicándose al autor mestizo, coincidiendo con la fecha de su fallecimiento en 1616 y con la celebración del día de las Letras.

León Hebreo [Inca Garcilaso de la Vega, traductor]

La traduzión del indio de los tres Dialogos de amor/ de León Hebreo; hecha de italiano en español por Garcilasso Inga [sic] de la Vega natural de la gran Ciudad del Cuzco, cabeça de los Reynos y Prouincias del Piru; dirigidos a la Sacra Católica Real Magestad del Rey don Felipe nuestro señor.

En Madrid: en casa de Pedro Madrigal, 1590.

[12 h.], 313 f., [31 h]; 4º.

R: 15.523.

 

Cuando Gómez Suárez de Figueroa llega a Montilla hacia 1560, habiendo pasado su infancia y juventud en el Cusco, es acogido en la casa de su tío el capitán Alonso de Vargas. Comienza entonces una etapa que, aunque oscura e imprecisa, resulta determinante en su fértil trayectoria como traductor, escritor y cronista de Indias.

Es durante este preciso momento de su vida cuando, el joven andino, se sumerge de lleno en la biblioteca que su tío había reunido a lo largo del tiempo, concretamente en los años que prestó servicio al emperador Carlos V. Su paso por Italia, Francia, Flandes y Alemania permitieron al distinguido militar entrar en contacto directo con las corrientes culturales del Renacimiento, recogiendo el saber del momento en numerosos libros que terminaron en su casa de Montilla una vez retirado de la milicia. No cabe duda que este ingente capital cultural encauzó al futuro cronista a dejar de lado sus aspiraciones militares ―que hubieron de tentarle―, optando por dedicarse al estudio de los clásicos y autores italianos de pensamiento neoplatónico, que le influyeron profundamente en su formación humanista, aunque teniendo presente su educación incaica. También se decanta por la traducción, ya que su tío el capitán Alonso de Vargas podría haber sido su maestro de italiano para poder iniciarse en la lectura de obras escritas en la lengua de Dante. Estos conocimientos fueron complementados con las lecciones recibidas de los jesuitas de la localidad cordobesa, quienes lo instruyeron en estudios de teología y de textos hebreos.  

Con la formación aprehendida, el Inca Garcilaso fue forjando su identidad intelectual como hombre de talante renacentista. Es entonces, en esta incierta y decisiva etapa que permanece en Montilla, cuando cae entre sus manos un libro escrito en italiano, Dialoghi d´Amore, siendo su autor Judá Abravanel (ca. 1465-1521), conocido como León Hebreo. Esta obra fue redactada en los albores del siglo XVI, aunque hubo de esperar hasta el año de 1535 para que fuese impresa por vez primera en Roma. El escritor judío pretendió con su libro, como hizo Platón, poner el amor como pedagogía del bien, de la belleza y, consiguientemente de la civilización, aspecto que cautivó al intelectual mestizo. 

La traducción que el Inca Garcilaso realiza en los Diálogos de Amor es literal, cuidando minuciosamente las palabras y captando el sentido del texto original en su plenitud. Contribuye, por su parte, a añadir apostillas marginales ―a modo de títulos temáticos― que le habrían de ser muy útiles al lector, así como unas tablas o índices al final de la obra manteniendo un orden alfabético. Hubo de ser, sin lugar a dudas, un gesto de valentía realizar esta pretenciosa traducción, porque ni el español ni el italiano fueron la lengua materna del Inca Garcilaso, sino el quechua. La Traducción de los tres Diálogos de Amor fue cuidadosamente impresa en Madrid, en 1590, por Pedro de Madrigal, quién se esmeró en grabar las iniciales del texto mostrando su destreza en el arte de la imprenta. Quiso nuestro autor dedicar su obra al rey Felipe II, quedando el escudo del monarca vistosamente xilografiado en la portada.

Aunque hubo otras dos traducciones editadas anteriormente en español, una fechada en 1568 y otra en 1582, fue la realizada por el Inca Garcilaso la que tuvo más aceptación. Toda una experiencia estética, un deleite leer la traducción de los Diálogos de amor que escribiera León Hebreo y tradujera el Inca Garcilaso durante los años que vivió en Montilla. Un ejemplar original de la edición que Pedro de Madrigal imprimió en 1590 puede ser consultado en la Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque.

Elena Bellido Vela

 

REFERENCIAS

  • INCA GARCILASO (trad.), Diálogos de amor de León Hebreo. Introducción y notas por Miguel Burgos [Ed. facsímil de la edición de Madrid, Pedro de Madrigal, 1590, en F.B.M.R.L.]. Sevilla: Padilla Libros, 1989.
  • LÓPEZ PARADA, E., ORTIZ CANSECO, M., FIRBAS, P., “La biblioteca del Inca Garcilaso de la Vega”, en La Biblioteca del Inca Garcilaso de la Vega 1616-2016 [Cat. Exp. Biblioteca Nacional de España]. Madrid: Ministerio de Educación y Cultura, 2015.
  • SORIA OLMEDO, A., “Los Diálogos de Amor de León Hebreo: una edición reciente”, en Ínsula: revista de letra y ciencias humanas, nº 487, 1987.
  • VARGAS LLOSA, M., El Inca Garcilaso y la lengua general. Montilla: Bibliofilia Montillana, 1995.